Ventajas y desventajas del tan demandado seguro de alquiler

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En el creciente mercado del alquiler, los seguros para prevenir impagos y actos de vandalismos están en pleno auge. ¿Pero compensan realmente? ¿Son, como dicen, todo ventajas para el propietario? Analizamos los pros y los contras de este producto que cada vez promueven más las compañías aseguradoras. Las conclusiones os corresponden a vosotros.

 

Ventajas:

Para el arrendador. Obviamente, el dueño que alquila un piso quiere garantizarse el cobro de las rentas y con el seguro lo conseguiría. Además, puede quedarse tranquilo si se produce algún acto vandálico o algún conflicto legal con el inquilino, ya que suelen incluir cobertura jurídica.

De la misma manera, la compañía ayuda al propietario a elegir arrendatario, algo especialmente positivo para aquellos arrendadores que ponen su inmueble en el mercado por primera vez o han tenido malas experiencias.

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Asimismo, se trata de un gasto deducible. Al hacer la declaración de la Renta podremos incluirlo para intentar reducir el tipo impositivo.

Para el arrendatario. Aceptar la inclusión de un seguro de alquiler le situará en una posición de preferencia sobre otros inquilinos si la vivienda a la que quiere acceder está muy demandada. Hoy en día esto está a la orden del día. Los que hayan buscado piso céntrico en ciudades como Vigo o A Coruña lo habrán comprobado.

Igualmente, evitará que haya que recurrir a avales bancarios, que son costosos, y a grandes desembolsos iniciales, que en algunos casos requieren de la ayuda familiar. Al haber seguro, si el inquilino negocia bien con el casero, puede reducir la cantidad de la fianza que debe entregar de inicio, ya que se supone que el dueño tiene las espaldas cubiertas.

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Desventajas:

Para el arrendador. El proceso para formalizar un seguro de alquiler es farragoso. La compañía va a pedir muchos papeles del inquilino e información muy personal como nóminas o contrato de trabajo. Empezar un arrendamiento pidiendo todos estos datos por delante no parece una buena forma de establecer una buena relación, sobre todo una de confianza, entre ambas partes.

Además, será la aseguradora quien decida si acepta hacer el seguro o no. Para ello, se tomará  su tiempo, un tiempo precioso en el que estaremos perdiendo dinero del propio alquiler, ya que el contrato –y, por lo tanto, los pagos- no empezarán hasta que todo esté aprobado.

No olvidemos, igualmente, que podemos perder a un buen inquilino por las exigencias del seguro. Las compañías imponen de antemano ciertas pretensiones laborales y económicas –como un contrato de trabajo de al menos un año y otro año trabajado previamente- solamente para  hacer el estudio del inquilino. Os sonará ese dicho clásico de “¿Cómo voy a tener experiencia si nadie me da trabajo para coger experiencia?”. Pues aquí pasa algo parecido, por lo que una persona joven o un estudiante respaldado por su familia, que perfectamente pueden ser formales y solventes, no serían asegurados. Y no sólo eso. Al tener los primeros contactos y exponer el seguro de alquiler como exigencia, muchos demandantes se echarán atrás.

Por último, recordar que el seguro de alquiler puede ser un gasto innecesario. Muchas veces, al enseñar la casa, durante la entrevista inicial, ya se puede percibir si la persona que va a entrar a vivir transmite garantías o no. Evidentemente, son sólo sensaciones, pero el pago de una póliza innecesaria puede doler en el bolsillo. En este sentido, hay que tener en cuenta que este pago es anual.

Para el arrendatario. Hay que ser realistas y tener en cuenta que los caseros suelen imputar este gasto a los inquilinos. Muchas veces los propietarios se ven en una posición de fuerza y, aunque en realidad el seguro estará a su nombre, exigen que sea el arrendatario el que se haga cargo del coste del seguro, sumando así un nuevo desembolso nada más empezar el contrato. Y no sólo en ese momento. Repetimos que la póliza hay que renovarla cada año.

Del mismo modo, como decíamos antes, el demandante de la vivienda tendrá que facilitar mucha información personal y financiera, algo que no siempre es agradable. Aunque alguna de ella se la deberá proporcionar igualmente al casero para dar prueba de su solvencia, las aseguradoras suelen solicitar más documentación económica y laboral.

Como decíamos, la compañía se tomará un tiempo para hacer un estudio del inquilino y si éste tiene prisa para entrar en la vivienda este trámite jugaría en su contra.

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